- Taller de “Historia del movimiento indígena en Uruguay y Abya Yala”.
- Taller de “Música, cultura y espiritualidad Charrúa”.
- Capacitación en Comunicación, redes sociales y diseño gráfico para organizaciones sociales.
- Charla abierta sobre “Hidrógeno verde”.
Uno de los principales retos con los que se enfrenta la ESICHAI es la coconstrucción de una pedagogía y metodología propias. La pedagogía que vienen construyendo, y que colectivamente llamaron “El gran quillapí de la memoria”, es activa y horizontal, basada en la cosmovisión charrúa y apuntando al desarrollo del concepto de “buen vivir”. Por esta razón, la metodología de la ESICHAI es principalmente vivencial, combinando la realización de talleres y espacios de reflexión, el intercambio de saberes y memorias entre las distintas personas, el diálogo intercultural, la investigación individual y colectiva y la construcción y sistematización colectiva del conocimiento.
Si bien los talleres de formación para el rescate y la revitalización de las prácticas y saberes ancestrales han sido una constante en los encuentros del CONACHA, como he comentado en el apartado anterior, la iniciativa de hacer algo más sistemático orientado a la formación de sus integrantes, para empoderarlos y darles herramientas para el activismo indígena, es algo nuevo.
Mónica Michelena, de la comunidad Basquadé Inchalá, menciona que muchas veces son invitados por las escuelas para contar su historia, pero que son pocas las personas del CONACHA que se sienten lo suficientemente seguras para asistir. En una conversación que tuve con Martín Delgado, él agregó que,
Si bien es muy importante hablar desde el propio sentir y para eso uno no necesita gran instrucción educativa, también tenemos que considerar que en un debate público ese sentir no es suficiente. Es necesario cierto nivel de formación, de lo que es la historia y lo que son los derechos indígenas de acuerdo a las normativas internacionales. El promedio de las personas piensa que somos unos locos que nos ponemos la vincha y molestamos. Entonces hay que remar el doble para demostrar que no somos locos y que tenemos un pensamiento racional.
La interculturalidad se basa en dos cuestiones principales: primeramente, las actividades promueven una instancia de diálogo reciproco de saberes entre personas que viven en distintos lugares de Uruguay y que tienen trayectorias y memorias diversas. En Montevideo, por un lado, trabajan con cuestiones más políticas, sobre la militancia, los derechos indígenas avalados por organismos internacionales e investigando sobre las crónicas y la historia en un sentido más formal. Las personas del interior, por otro lado, aportan más bien desde las trayectorias y vivencias personales, de los saberes que se transmiten a nivel familiar y desde la micropolítica. La interculturalidad también se ve reflejada en el puente que establecen entre el sistema epistémico occidental y el sistema ancestral propio del pueblo charrúa. De Occidente rescatan, entre otros aspectos, el sistema jurídico —ya que los derechos de los pueblos indígenas operan en el marco de los Estados nacionales—, la historia —sobre la que profundizan leyendo documentos a contrapelo—, la antropología social y la arqueología —que presentan investigaciones y conceptos que conforman los discursos y narrativas sobre los indígenas— y la biología y la zoología —que informan sobre las condiciones medioambientales de Uruguay. En los talleres, esos conocimientos son puestos en diálogo con los saberes propios; saberes que vienen desde la experiencia y la oralidad
El formato itinerante de la ESICHAI —de acuerdo con el cual los talleres son realizados en distintas partes del país, donde está radicado cada colectivo— enriqueció el intercambio de experiencias entre los integrantes del CONACHA, en estrecha conexión con la interculturalidad. Esa experiencia permitió conocer las necesidades de cada comunidad para trabajar los temas y los talleres de formación desde sus propias demandas, desde lo que querían aprender según el contexto en que están insertos. También posibilitó romper con el centralismo de Montevideo, con la idea de que allí están “los que saben todo”, al empoderar las personas del interior del país.
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Quisiera brindar el ejemplo de uno de los primeros talleres que fue realizado y que según Nurimar Ceballos, charrúa de la comunidad Basquadé Inchalá y actual presidente del CONACHA, y Mónica Michelena, fue de los más provechosos. El taller sobre memoria, liderado por Martín Cultelli, fue realizado tanto en Montevideo como en Tacuarembó, interior del país. En el primer taller Martín recurrió a una metodología que le permitió territorializar las memorias, a partir de la proyección de un mapa de Uruguay, que estimuló reflexiones sobre los desplazamientos de los ancestros en distintos periodos de la historia. Cada persona decía de qué parte de Uruguay venía y Martín las ubicaba en el mapa. Se enteraron de que la mayoría de ellos venía de la región de la cuenca del Yi y del río Negro, y que empezaron a esparcirse alrededor de 1870. Esa fue la época de la construcción del ferrocarril y del alambrado en el campo, y es posible que esos hechos hayan generado procesos de despojo, explica Martín. La metodología de territorialización de las memorias, por lo tanto, permitió visualizar los lugares donde las trayectorias y memorias compartidas por cada participante fueron conformadas a lo largo del tiempo (Magalhães de Carvalho, 2018).
Dispuestas en forma circular, las personas que participaron en los talleres de memoria compartieron historias familiares que nunca habían contado antes, y aquellos que no contaban con mucha información, sintieron la motivación de indagar más. Mónica recuerda que hablaron de cuestiones familiares muy fuertes, que quizás en otro contexto no se hubieran sentido cómodas para contarlas. Salieron muchas historias de violencia transgeneracional, como violaciones y asesinatos, que los hicieron reflexionar sobre cómo la violencia del genocidio posiblemente se transformó en violencia doméstica. Martín también recuerda que un tema frecuente en los relatos compartidos fue la servidumbre; una violencia que se ejercía por medio de la explotación laboral. Nurimar agregó que muchas veces la identificación como indígena permanece escondida debido a la discriminación. En sus propias palabras: “El problema de no tener una identidad propia y quedar, así, flotando, es que nos queda ser el ‘criadito’. Porque así sería yo si mi madre no se hubiera interpuesto. Te bautizaban y uno ya quedaba como su propiedad y te criaban como esclavo”. Por eso, dice Martín, también era muy común que las familias indígenas dieran a los hijos a familias más pudientes, preferentemente blancas. Para él se trata de una forma de autoaceptación de la destrucción, que sería esa búsqueda por el blanqueamiento, y una de las peores manifestaciones del colonialismo, porque se trata de su incorporación y aceptación de la dominación
El taller de memoria en Tacuarembó fue un poco distinto, explica Martín. Lo realizaron en conjunto con la comunidad Guyunusa. Si bien no utilizaron la metodología del mapa, también buscaron marcar los aspectos más relevantes para la memoria e historia de las personas de la región. Las principales cuestiones que salieron en el taller fueron los sitios sagrados y el racismo. En relación a la primera, los lugares más importantes presentes en las memorias se relacionaban a los espíritus de los ancestros. En los relatos hablaban de aspectos ontológicos, como las presencias o la energía de un cerro y también la existencia de los cerros-cementerios. Sobre el racismo, Martín cuenta que las personas de Tacuarembó sentían con más fuerza la dominación de los estancieros y relataban sus propias experiencias de discriminación, sobre cómo los miraban con desprecio, como si fueran inferiores. Algo que los diferenciaba de las personas de Montevideo es que en Tacuarembó no sentían que se negara la existencia de los charrúas, sino que eran tratados como inferiores (Magalhães de Carvalho, 2018).
El CONACHA pudo realizar una segunda versión de la ESICHAI en la segunda mitad de 2018 con el financiamiento de un proyecto que presentaron ante el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe (FILAC). En la segunda versión tuvieron la oportunidad de hacer uso de la ESICHAI para prepararse colectivamente para reuniones con el gobierno de Uruguay y el Banco Mundial, ya que habían sido invitados por el Banco a participar de un proceso de consulta, como pueblos indígenas, para un proyecto sobre la emisión de gases de efecto invernadero. Los talleres sobre esta temática fueron dados por un miembro de Basquadé Inchalá y otro de la comunidad Guyunusa de Tacuarembó. Esas dos personas tuvieron la oportunidad de viajar a El Salvador para un curso de capacitación brindado por el Fondo Indígena en conjunto con el Banco Mundial. Entre todos definieron que aquellos que participen de cursos de formación afuera deben hacer una devolución interna en la ESICHAI. En el ámbito de los talleres pudieron armar una estrategia y una manera colectiva de presentarse y contestar las consultas del Banco. A lo largo de ese proceso reafirmaron la importancia de la formación en la ESICHAI para tener una agenda propia y prepararse para instancias de consulta, debates y reuniones con el Estado y otros organismos. También pudieron hacer lo mismo en relación a otros temas como los objetivo
de desarrollo sostenible, biodiversidad, salud intercultural y alimentación hacia el buen vivir de los pueblos.
Otra novedad de la segunda versión de la ESICHAI fue la realización de un curso virtual. El curso consistió de dos módulos, cada uno con un mes de duración. Uno sobre identidad charrúa y el otro sobre memoria, ministrados por Mónica y Martín respectivamente. En conversaciones con ambos, me comentaron que se anotaron muchas personas del interior de Uruguay y también una charrúa de Entre Ríos, Argentina. Para los talleres hicieron uso de textos y videos y solicitaron que los participantes realizaran un trabajo final y participaran del foro de discusiones. Querían incentivar que las personas realizaran una pequeña investigación en el ámbito de las familias y que practicaran la escritura. La participación en el foro les pareció la parte más interesante y enriquecedora del curso, una vez que posibilitó que personas de distintas generaciones hicieran reflexiones e intercambiaran sus memorias familiares, generando insumos para armar el gran Quillapí de la memoria.
En este sentido los talleres de memoria e identidad realizados en el ámbito de la ESICHAI buscaron compartir las trayectorias y evocar los recuerdos de cada persona o grupo en un proceso de recuperación de la memoria colectiva del pueblo charrúa. En este proceso, siguiendo al sociólogo Maurice Halbwachs (2006), el pasado es constantemente reconstruido, vivificado y resignificado de acuerdo con las necesidades del presente. La memoria es, por lo tanto, una herramienta y una práctica política que presenta un factor de transformación. Su recuperación, en conjunto con la formación de los miembros del CONACHA sobre los derechos indígenas, hace que la ESICHAI sea una estrategia fundamental en la lucha por el reconocimiento del pueblo charrúa en Uruguay.
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